Programa de colaboración entre la Comisión de Medio Ambiente y Recursos Naturales de la H. Cámara de Diputados,
el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Centro de Colaboración Cívica (CCC),
el Centro Mario Molina (CMM), el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA)
y la Comisión de Estudios del Sector Privado para el Desarrollo Sustentable (CESPEDES)
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Seguridad Nacional

La seguridad en torno a la población tiene varios aspectos. En relación a la salud pública, se debe actuar aun en ausencia de pruebas o estudios contundentes. La complejidad de las vías por las cuales pueden aparecer enfermedades dificulta predecir cómo se alterará el bienestar, pero habrá olas de calor y frío. Brotes de epidemias como malaria, dengue, fiebre amarilla y cólera pueden resurgir con el aumento de temperatura, así como una migración masiva de poblaciones hacia otras zonas. Las reacciones que generan óxidos de nitrógeno y ozono en la atmósfera de las ciudades son muy sensibles a la temperatura, por eso en los meses de más calor suelen dispararse las concentraciones ambientales de esos contaminantes. Un aumento en la temperatura de las urbes creará contingencias permanentes, las cuales se traducirán en padecimientos alérgicos, asmáticos y respiratorios en una mayor cantidad de personas.

La crisis de acceso al agua dulce también generará conflictos políticos y sociales para acceder y controlar el grueso de las reservas del líquido. A nivel nacional se proyecta una reducción de 10% anual en la disponibilidad de agua. En la Ciudad de México disminuirá en un 15%. Es un contexto en el cual México debe pensar, pues es muy probable que sus ritmos de consumo se multipliquen en un panorama con lluvias más escasas. Sin embargo, puede utilizarse la información climática para prevenir sequías, así como recuperar acuíferos, limpiar cuerpos de agua superficial, cuidar zonas de recarga y tratar aguas residuales.

La seguridad alimentaria tampoco puede soslayarse, pues se reducirá la producción de granos y cereales a nivel mundial. La permanencia de las tierras agrícolas puede actuar como sumidero de carbono mientras estén sembradas; sin embargo, estas tierras han reducido 10% su extensión en los últimos 50 años. Esto se convierte en un riesgo permanente para reducir la pobreza y puede revertir décadas de esfuerzos por crear un desarrollo sostenible.

El resguardo de la infraestructura es vital. PEMEX cuenta con 193 plataformas marinas, 4,441 km de oleoductos y 7,312 km de gaseoductos expuestos a fenómenos meteorológicos extremos. Cerca del 41% del total de hidrocarburos a nivel nacional se extrae en regiones marinas. La conservación y el cuidado de ecosistemas naturales es también un asunto de seguridad nacional, pues son fuente de alimento, focos de desarrollo industrial y comercial, así como centros de recreación. Su destrucción y el posible impacto de fenómenos meteorológicos afectarán directamente en la afluencia de turismo nacional e internacional. Se estima que para el 2030 entre 25% y 80% de los visitantes dejarán de ir al Caribe por cuestiones climáticas.

Los desarrollos turísticos que destruyen manglares, dunas y arrecifes promueven variaciones climáticas abruptas, pues eliminan defensas naturales ante el calentamiento global. Los modelos de crecimiento económico como los seguidos por Estados Unidos y algunas naciones de Europa ya no son opciones para América Latina, pues el planeta no puede soportar esos ritmos de explotación. Por lo tanto, México debe encontrar una vía de crecimiento acorde con su capacidad para explotar y preservar sus recursos. Ya es tarde para revertir el cambio climático, pero aún hay tiempo para modificar la forma de obtener energía y generar menos contaminantes, lo cual seguramente se reflejará en el clima futuro del planeta. Las modificaciones implicarán grandes inversiones, en particular en el ámbito de energía, lo cual supone establecer nuevos dispositivos conforme con las reglas de buen gobierno.

Temperatura media anual en México (2000-2007)

 
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